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Todos lectores, todos escritores.


Todos lectores, todos escritores

Diego Gabriel Sánchez Cruz

Leemos para nosotros y escribimos para los demás. Tratar de manejar lo mejor posible ambas habilidades siempre es de gran ayuda.

21/04/2022

    Cada día "leemos" una infinidad de textos, a tal grado que casi no nos damos cuenta. Al saludar en la mañana, el "buenos días", dirigido a un familiar o a un compañero, ya constituye un texto que interpretamos como una forma de cortesía o de relacionarse, de iniciar una conversación o simplemente como un buen deseo para algún interlocutor. 

    Tal vez al levantarnos "leemos" el periódico o una revista. En el camino a la escuela o el trabajo, sin duda "leemos" mensajes publicitarios en carteles monumentales, escuchamos distintos mensajes que nos llegan por la radio. Al revisar los mensajes en nuestras redes sociales también "leemos". Si estamos leyendo una novela o un ensayo avanzamos un poco más, si tenemos que presentar un examen o participar en alguna clase hojeamos los apuntes... Lo cierto es que siempre estamos "leyendo"; en general la calidad del lector no se cuestiona, todos somos lectores.

    Sin embargo, no sucede lo mismo con la calidad del escritor. Para el imaginario colectivo, la idea que se tiene de un "escritor" es el que escribe literatura, novelas, poesía y para ello, "hay que tener talento". Todos los demás que escriben a diario no son "escritores", o al menos no se les considera como tales. Pero de los millones de textos que se escriben a diario, el porcentaje de obras literarias es mínimo.

    De manera que, si aprendimos el código (la lengua), todos somos escritores, pues todos escribimos algo y somos capaces de comunicarnos por escrito. Pero quizá esa imagen del escritor que todos tenemos sea la causante de que nos cueste tanto trabajo escribir. Como creemos que solo los "escritores" escriben bien, le tememos a la escritura, sobre todo en el ámbito público. 

    Es casi seguro que la mayoría de nosotros jamás será un gran escritor literario, lo cual no quiere decir que no lo intentemos; no obstante, todos podemos hacer un esfuerzo por expresarnos de forma escrita, también en forma oral, del mejor modo, solo hay que proponérselo y practicarlo. 

    Leemos para aprender, para ampliar nuestros conocimientos, para comprender el mundo que nos rodea, y escribimos para plasmar lo aprendido y lograr metas diversas. Leemos para nosotros y escribimos para los demás. Tratar de manejar lo mejor posible ambas habilidades siempre es de gran ayuda.

    Actualmente, la sociedad exige de nosotros que sepamos construir textos comunicativos; es decir, que sepamos usar nuestra lengua, ya no que la conozcamos en teoría, sino que la usemos de la manera más adecuada para cumplir los propósitos que nos llevan a comunicar mensajes.


diegogabrielsanchez120@gmail.com



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